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Telecinco en horas bajas: causas y posibles salidas a la crisis de audiencia

Juan Folío
@opinionalmeria

Durante décadas, Telecinco fue sinónimo de liderazgo televisivo en España. Una cadena capaz de marcar tendencia, generar conversación social y dominar amplias franjas del día. Sin embargo, los últimos datos de audiencia confirman una realidad difícil de ignorar: Telecinco atraviesa una de las crisis más profundas de su historia, con mínimos históricos de cuota de pantalla y una pérdida progresiva de relevancia frente a sus competidores directos.

Pérdida de formatos emblemáticos y desgaste del modelo

Uno de los factores clave ha sido la desaparición o el agotamiento de programas que durante años actuaron como auténticos motores de audiencia. La salida de formatos icónicos, unida al desgaste de otros que prolongaron su vida útil más allá de lo recomendable, dejó a la cadena sin pilares sólidos sobre los que sostener su parrilla.

Los intentos de sustitución no siempre han conectado con el público, generando una sensación de provisionalidad que ha debilitado la fidelidad del espectador, especialmente en las franjas más competitivas.

Nuevos hábitos de consumo y una competencia mejor posicionada

El contexto audiovisual ha cambiado radicalmente. El auge de las plataformas de streaming, el consumo a la carta y la fragmentación de la audiencia afectan a toda la televisión generalista, pero impactan con especial dureza en cadenas cuyo modelo se basaba en el directo y en el consumo diario.

Mientras tanto, otras generalistas han sabido construir una imagen más estable, con parrillas reconocibles y una apuesta clara por informativos sólidos y entretenimiento familiar. Telecinco, en cambio, ha quedado atrapada entre su pasado más reconocible y un presente aún sin definir del todo.

Crisis de identidad y redefinición incompleta

En los últimos años, la cadena ha intentado alejarse de los excesos que durante mucho tiempo formaron parte de su ADN. Sin embargo, esa transición se ha realizado de forma abrupta y, en ocasiones, sin una alternativa clara. El resultado ha sido una crisis de identidad: el espectador ya no tiene claro qué tipo de televisión ofrece Telecinco ni qué puede esperar de ella a diario.

Apuestas fallidas y éxitos aislados

La cancelación temprana de nuevos formatos y la tibia acogida de algunas apuestas han reforzado la percepción de debilidad. Frente a ello, solo algunos realities han logrado romper la tendencia negativa. El caso de La isla de las tentaciones demuestra que la cadena aún es capaz de generar grandes fenómenos televisivos, aunque de forma puntual y no estructural.

Propuestas para recuperar la audiencia: claves para el futuro

La recuperación de Telecinco no pasa por una solución inmediata, sino por una estrategia sostenida y coherente que tenga en cuenta el nuevo escenario audiovisual.

Definir una identidad clara y reconocible

La cadena necesita decidir qué quiere ser y comunicarlo de forma consistente. Una marca televisiva fuerte genera confianza y hábito; la indefinición, en cambio, empuja al espectador hacia opciones más previsibles.

Volver a apostar por formatos propios

Históricamente, Telecinco ha liderado cuando ha sido valiente e innovadora. Recuperar la creación de formatos originales, bien producidos y pensados para el público actual resulta más eficaz que recurrir a adaptaciones rápidas sin personalidad.

Reforzar el access prime time

Sin un programa potente que actúe como antesala del prime time, el resto de la noche se debilita. Un espacio diario reconocible —ya sea concurso, humor o entretenimiento ligero— ayudaría a reconstruir el hábito de consumo.

Renovar el entretenimiento sin romper con el público tradicional

El reto está en ofrecer entretenimiento popular sin caer en el sensacionalismo más extremo ni en la excesiva neutralidad. El equilibrio entre ritmo, cercanía y calidad es clave para conectar con varias generaciones.

Potenciar los informativos como eje de credibilidad

En un contexto de desinformación y saturación de contenidos, unos informativos sólidos pueden convertirse en un valor estratégico y en un elemento de prestigio de marca.

Integrar plenamente la dimensión digital

La televisión ya no se consume solo frente al televisor. Convertir los programas en productos transmedia, con presencia activa en redes y plataformas, es esencial para recuperar al público joven y ampliar el impacto de la parrilla. En este sentido, la estrategia global de Mediaset España resulta determinante.

En definitiva, la crisis de Telecinco es el resultado de una suma de factores: cambios en el consumo, pérdida de referentes, errores estratégicos y una transición identitaria aún inacabada. Pero también es una crisis con margen de recuperación. La audiencia sigue ahí, más exigente y menos fiel, esperando una televisión que vuelva a entretener, sorprender y generar comunidad. El reto ahora es estar a la altura.

Semana Santa: el latido vivo de Almería

María del Mar Vázquez
Alcaldesa de Almería

Hace apenas una semana que iniciábamos el año 2026 caminando en Torregarcía junto a nuestra patrona, la Virgen del Mar. Llevábamos a hombros no solo una imagen querida por muchas generaciones de almerienses, sino el propósito de un año de trabajo y esfuerzo por Almería bajo su protección. Ese acto, íntimo y a la vez masivo, era el preludio de otro de esos momentos que, sin duda, van a marcar el carácter del año en Almería: la presentación del Cartel Oficial de la Semana Santa, que tiene lugar hoy domingo. Y no es un mero trámite administrativo o cultural; es el primer aldabonazo en el corazón de la ciudad, el anuncio de que se avecina el tiempo más hondo de nuestra identidad colectiva. 

Este cartel, un excelente trabajo del artista Rafael Muñoz Granados es, en sí mismo, una declaración de intenciones y un reflejo de la pasión de los almerienses por su ciudad. Anuncia la llegada de esos días únicos en los que las calles se transformarán en un escenario de silencios elocuentes, música vibrante, olores de cera e incienso, y una emoción que se palpa en el aire. 

En apenas dos meses, la ciudad cambiará su ritmo para abrazar una tradición que la identifica. Para el Ayuntamiento, estar al lado de las mujeres y hombres que la hacen posible a través de las diferentes Hermandades y Cofradías es una apuesta clara por el futuro. Porque son colectivos que no se limitan a organizar procesiones; tejen redes de solidaridad, establecen alianzas vecinales, construyen comunidad día a día y, en definitiva, hacen ciudad. Apoyarlas es invertir en el capital social más valioso de Almería. 

Estar con la Semana Santa es, además, respaldar una cultura popular que desafía al tiempo. En un mundo donde todo parece provisional, la Semana Santa es un símbolo de permanencia, compromiso e identidad. Y no sólo hablamos de fe o de belleza artística. Hablamos también de una resiliencia que ha sabido sortear dificultades. Pero reducir la Semana Santa a sus momentos más solemnes y multitudinarios sería perder su esencia más íntima. Su verdadera grandeza reside en una constelación de pequeños instantes que, sumados, componen un mosaico emocional irrepetible: la mirada que se cruza con la de tu virgen al pasar; el sonido lejano de una banda de cornetas; el silencio cargado de emoción que precede a una saeta; los bares rebosantes de vida y conversación; el aroma a incienso; el chirrido característico del tráfico sobre la cera de las calles; el gesto de sacar del armario el vestido y la mantilla; la curiosidad de los turistas en las tiendas, o en los museos por la mañana. Y de manera especialmente conmovedora, la mirada de una niña que, al ver pasar una cuadrilla de costaleras, decide que ella también lo será algún día. A todas esas mujeres que dan vida a la Semana Santa con su implicación, como las de la Hermandad de la Coronación, mi reconocimiento más sincero. 

Pero la Semana Santa almeriense trasciende lo religioso y lo cultural para ser la expresión máxima de una identidad compartida. Es un hilo que une pasado, presente y futuro. Por ello, el compromiso municipal es firme. Prueba de ello es la cesión del edificio del Rincón de Espronceda a la Agrupación. Proporcionar una sede céntrica y digna es garantizar que este motor social y cultural pueda seguir prestando su servicio inestimable a la ciudad. En definitiva, honrar nuestra Semana Santa es honrar a quienes nos precedieron, acompañar a quienes hoy la mantienen viva y, sobre todo, garantizar que las futuras generaciones sigan sintiendo la emoción de ver desfilar, cada primavera, la historia viva de su ciudad. Es asegurar que el latido de Almería, ese que suena a tambores, cornetas y silencio, no se detenga nunca. Seguimos trabajando.

Una oportunidad histórica

José María Martín
Subdelegado del Gobierno en Almería
Secretario General del PSOE de Almería

El nuevo modelo de financiación autonómica planteado por el Gobierno de España pone a Andalucía en el lugar que le corresponde con certezas y cifras concretas. Nuestra comunidad es la que más gana en términos absolutos al sumar 4.850 millones de euros adicionales, más incluso de lo que reclamó el propio Parlamento andaluz y de lo que exigió Moreno Bonilla. 

Rechazar este modelo es renunciar conscientemente a unos recursos que mejorarían de forma inmediata la vida de más de 770.000 personas en nuestra provincia. El criterio que vertebra el nuevo sistema responde a una reivindicación histórica: que el peso poblacional cuente más en el reparto de los recursos, algo que, por otra parte, resulta de sentido común. Y eso favorece de manera directa a Andalucía, que recibe 23 de cada 100 euros de la nueva financiación con un peso poblacional del 18 %. Ante unos datos tan incontestables, resulta legítimo preguntarse qué razones pueden justificar decir no a un modelo que beneficia de forma tan clara a nuestra tierra. 

En provincias como la de Almería, el respaldo a esta propuesta no ofrece margen para la duda. La falta de financiación ha tenido efectos negativos muy concretos durante los últimos años, en los que arrastramos un déficit sanitario de 135 millones de euros anuales y más de 1.600 profesionales menos de los que nos corresponderían por población. Ese desequilibrio tiene consecuencias directas en nuestros hospitales, en las vergonzosas listas de espera que padecemos y en la saturación de la Atención Primaria. 

Por lo tanto, el nuevo sistema permitiría empezar a corregir ese agravio que el presidente de la Junta se niega a reconocer, sin haber puesto sobre la mesa ni siquiera una alternativa a esta propuesta. Pero los beneficios del nuevo modelo de financiación no se limitan a la sanidad. 

Más recursos significan más docentes, mayor inversión en dependencia y la posibilidad de impulsar la construcción de más de 50.000 viviendas públicas para que los jóvenes puedan iniciar un proyecto de vida. Almería no puede permitirse dejar pasar esta oportunidad histórica por un simple cálculo electoralista de Feijóo, al que Moreno Bonilla se ha sumado sin reservas. Andalucía y, especialmente, nuestra provincia necesitan esa financiación para dar un salto cuantitativo y cualitativo en los servicios públicos que se prestan. Rechazarla sería, sencillamente, traicionar al conjunto de los almerienses.

Rocío Flores en ¡De Viernes!: cuando el dolor da audiencia

Tania Artajo
@opinionalmeria

La televisión actual ha aprendido a hacer una cosa: convertir el sufrimiento en contenido. No es nuevo, pero sí cada vez más evidente. La intervención de Rocío Flores en el programa ¡De viernes! no fue solo una entrevista más del corazón; fue el síntoma de una televisión que ha cruzado hace tiempo la frontera entre informar y explotar.

Durante horas, el plató de Telecinco se convirtió en un escenario emocional donde cada lágrima tenía valor de mercado y cada silencio, un pico de audiencia. La joven no acudía a presentar un proyecto ni a defender una trayectoria profesional, sino a revivir —otra vez— una historia familiar que lleva años siendo diseccionada en prime time como si se tratara de una serie por entregas. Y ahí está el problema.

Rocío Flores en ¡De Viernes! / Telecinco

EL ESPECTÁCULO DE LO ÍNTIMO

La televisión del presente ya no se conforma con contar lo que ocurre: necesita que duela. Necesita el plano corto, la voz quebrada, la pausa incómoda. La emoción se mide en shares. La fragilidad, en minutos de emisión. Y mientras tanto, se disfraza de “derecho a réplica”, de "hay que oír a todas las partes" lo que no deja de ser un negocio perfectamente engrasado.

El conflicto entre Rocío Carrasco y su hija ha demostrado que el dolor familiar puede estirarse indefinidamente si sigue siendo rentable. No importa que haya sentencias, matices o zonas grises: la televisión necesita bandos, víctimas claras y villanos reconocibles. La complejidad no vende.

COLABORADORES, JUECES SIN TOGA

Especialmente inquietante es el papel de los colaboradores, convertidos en jueces morales con micrófono. Opiniones contundentes, sentencias emocionales y aplausos de plató que legitiman un relato u otro según convenga. El choque con Terelu Campos no fue una excepción, sino parte del guion: el conflicto dentro del conflicto, la polémica que alimenta la polémica. Se debate sobre una familia como quien analiza un reality. Pero no lo es. Aunque se le parezca demasiado.

¿TODO VALE SI HAY AUDIENCIA?

La gran pregunta que deja esta entrevista no es qué versión es la verdadera, que eso está más claro que el agua, sino si la televisión debería seguir ocupando el lugar que ha asumido: el de tribunal emocional permanente. ¿Quién protege a quienes crecen bajo el foco sin haberlo elegido? ¿Quién pone límites cuando la intimidad se convierte en mercancía?

Quizá el problema no sea que Rocío Flores hable. El problema es que la televisión solo la escuche cuando lo hace manifestando dolor. Porque cuando el sufrimiento se normaliza como formato, el espectáculo deja de ser entretenimiento para convertirse en costumbre. Y entonces, como espectadores, también somos responsables.

Paseo de Almería: de ilusión a despropósito

Fátima Herrera
Portavoz del PSOE en el Ayuntamiento de Almería

El Paseo de Almería es mucho más que una calle. Es el corazón de nuestra ciudad. Por eso, cuando se anunció su remodelación, todos confiamos en que sería una obra de la que nos sentiríamos orgullosos. Lamentablemente, la realidad nos ha devuelto una imagen muy distinta pues, lejos de mejorar la ciudad, se ha convertido en un ejemplo de mala gestión y falta de planificación. 

Desde el inicio, los problemas han sido una constante. La elección de materiales inadecuados, que se deterioran con rapidez, ha supuesto retrasos y sobrecostes que están afectando a comerciantes, hosteleros y vecinos. Lo que debería haber sido una obra para revitalizar nuestro centro se ha transformado en una fuente de molestias y frustración para quienes viven y trabajan ahí. 

Pero lo más preocupante no es solo el coste económico, que ya supera los 11 millones, más 750.000 euros para una máquina especial de limpieza y para la aplicación de un tratamiento a la piedra, sino la absoluta falta de responsabilidad política. Nadie ha asumido los fallos de un proyecto que se ha convertido en un cúmulo de despropósitos. Por si fuera poco, los parterres, que nos presentaron como elementos “modernos y funcionales”, ahora resulta que son un obstáculo para la celebración de cualquier evento. Así que, incluso antes de acabar los trabajos, asistimos perplejos a una remodelación de la obra que, como es de imaginar, supondrá un aumento de su importe, cuya cuantía desconocemos. 

¿De verdad nadie previó esto cuando se diseñó la obra? ¿Cómo es posible que no hayan sido capaces de planificar algo tan básico? Tampoco sabemos cuándo terminará la obra. La alcaldesa ha dado 4 meses de prórroga, pero eso no garantiza que estará terminado para esa fecha. También en esto se aprecia el sello de su mandato: ocultar información a los ciudadanos. Ya es hora de que alguien dé explicaciones claras, asuma responsabilidades y, sobre todo, empiece a trabajar con seriedad.