No ha podido hacer capicúa con su saco de años; se ha ido José Antonio
Torres a menos de un mes de cumplir los 101 años. No ha habido ningún otro
primer edil en la historia de España que haya llegado al centenario con la vara
de mando en la mano y la cabeza en su sitio. Él lo achacaba, jocoso, al buen
aire que corría en su Chercos Viejo del alma donde nació en 1925,
cuando gobernaba España un tal Miguel Primo de Rivera y no había un kilómetro
de asfalto en toda la provincia; no había más que esparto, legañas y petates
para emigrar a La Argentina.
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| José Antonio Torres / Diputación de Almería |
Chercos, un pueblito almeriense de 300 habitantes donde el aire huele a
hierba fresca y a mermelada, ha sido la cuna del primer alcalde en la historia
de España que llega al siglo de vida en sus cabales y con la vara de mando en
la mano. José Antonio Torres soplaba el 22 de julio de 2025 cien velas en su
pueblo natal firmando edictos y dirigiendo el pleno municipal, aunque fuese ya
en una silla de ruedas. José Antonio Torres, Leo en el zodiaco, aunque no creía
en el horóscopo, era un correcaminos, un corredor de fondo de la política y de
la vida. Su voz sonaba hace un año, desde el salón de su casa cherquera,
aún briosa, aunque el oído le fallara. “Estoy bien, con un poco de parálisis en
las piernas, pero aún voy a mi despacho a hacer las tareas del día” decía
entonces. No sabía el primer edil más longevo de España y del mundo -mientras
no se demuestre lo contrario (solo se sabe que en EEUU hubo un alcalde de 100
años, Vito Perillo, que gobernó en el pueblo de Tintin Fall)- si lo
felicitaría mucha gente o no; lo que sí sabía es que tiene un hijo de 70 años
en Sevilla que no pudor ir a llevarle un regalo porque se encontraba
enfermo.
De sus cien años de vida ha invertido 30 en ser alcalde. “Cuanto entré con
70 años en el Ayuntamiento decían que era viejo y mire usted, aquí sigo”,
decía. José Antonio enterró a todos sus amigos, a toda su generación, es lo que
tiene vadear la centuria con la cabeza en condiciones y el corazón en su
sitio. “Yo quiero a la gente que tiene buen corazón, por eso me alegro de que
te hayas acordado de mí, aunque seas periodista”, decía hace un año desde su
casa.
José Antonio nació en una cortijada que se llamaba La Viñilla y con 18 años se fue a recorrer mundo. Se hizo guardia civil y vivió los años del plomo -sufrió un atentado- recorriendo cuarteles de Bilbao, Lérida, Sevilla y Albacete. Y al jubilarse volvió a su pueblo que ya era Chercos Nuevo, fruto del trabajo de un pariente que le precedió como alcalde, Antonio Sáez, que construyó 14 casas de yeso, que fueron como las primeras casas de Macondo hechas de barro y cañabrava. “Gracia a él, Chercos es hoy lo que es”, explicaba con generosidad. José Antonio ha conseguido mantener en pie este pueblo al que quería con toda su alma y que siguió gobernando tras rivalizar por el mando municipal con un sobrino. Ha acumulado ocho legislaturas y ha mantenido en pie a su pueblo, con un bar, una fábrica de mermeladas, un tanatorio, una iglesia, con becas para jóvenes y mucho amor propio. “Y sin subir los impuestos”, sentenciaba el que ha sido el alcalde más longevo de España (quizá del mundo). Tuvo la satisfacción de recibir en vida el Escudo de Oro de la provincia de Almería, su provincia. Descanse en paz José Antonio, hasta ahora el patriarca de los alcaldes.


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