Manuel Cortés en '¡De Viernes!'

Alba Haro
@opinionalmeria

Anoche, el plató de ‘¡De Viernes!’ en Telecinco volvió a convertirse en el escenario de una de esas confesiones que, más que iluminar, ensombrecen. Manuel Cortés, de 29 años, hijo del fallecido Chiquetete y de la colaboradora Raquel Bollo, concedió una larga entrevista en la que, entre paréntesis, acotaciones y justificaciones propias, decidió airear detalles íntimos de una relación que duró, según sus palabras, “mínimo durante siete u ocho años” con Gloria Camila Ortega, también de 29 años, hija de Rocío Jurado y José Ortega Cano.

Manuel Cortés, anoche, en De Viernes

Lo más llamativo no fue la revelación en sí -rumores ha habido muchos-, sino la forma y el fondo con que Cortés la expuso. Reconoció haber mantenido relaciones íntimas con Gloria Camila mientras ella mantenía relaciones formales con, al menos, Kiko Jiménez y su actual pareja, el cantante Álvaro García. Y lo hizo sin el menor rubor, casi con un punto de orgullo masculino que roza la arrogancia.

La ausencia de lealtad como arma arrojadiza

Manuel Cortés no solo rompió un silencio que ambos habían mantenido durante años, sino que lo hizo de manera unilateral y pública, exponiendo a Gloria Camila a un juicio mediático implacable. Contó, por ejemplo, cómo en una discoteca de Madrid se encontró con ella y Álvaro García, y cómo este último lo sacó fuera para preguntarle directamente si había estado o estaba con su novia. La respuesta de Cortés: “Le miento, obviamente, porque en ese momento le tengo aprecio a Gloria y yo no quiero buscarle un problema”.

Esa supuesta “protección” de antaño contrasta dolorosamente con la descortesía de ahora. Ayer, en prime time, decidió dejar de protegerla y optó por contar la historia con todo lujo de detalles. ¿Dónde quedó aquel aprecio? La lealtad, al parecer, tiene fecha de caducidad cuando uno se siente herido en su ego o cuando un programa de televisión ofrece un micrófono lo suficientemente tentador.

Aún más revelador resulta su comentario: “Yo no me he preocupado por si en ese tiempo ella estaba con otra persona porque el problema no es mío”. Con esta frase, Cortés se autoproclama libre de cualquier responsabilidad moral. El “macho ibérico” -como tantas veces se ha retratado en este tipo de programas- aparece aquí como un hombre sin prejuicios, liberado de ataduras emocionales, mientras la mujer es presentada como la que miente, la que engaña y la que, en última instancia, debe rendir cuentas.

Telecinco, una vez más, parece inclinarse por esa narrativa: denigrar la actitud de una mujer que, al fin y al cabo, es libre de gestionar su vida sentimental como considere oportuno, para ensalzar la figura del hombre que, según su propio relato, solo se dejaba llevar y “se portaba tan bien” que incluso intentaba apartarse cuando veía el “percal”.

El consejo paternalista y la hipocresía

No contento con exponer la intimidad ajena, Manuel Cortés se permitió dar consejos a Gloria Camila. Le instó a “poner los pies en la tierra”, a mirar a un lado y recuperar la relación con Rocío Flores, a quien describió como “una persona que es como tu hermana” y que “ha mirado por ti muchísimo todos los días de su vida”.

El mensaje destila un tono paternalista y moralizante difícil de digerir. Mientras Cortés admite sin complejos haber mantenido una relación paralela durante años, se erige en juez de la vida social y familiar de Gloria Camila. Le advierte de que su círculo se está desmoronando y de que, si sigue así, solo le quedará “la mentira” y se verá “sin nadie”.

Resulta paradójico que quien ayer mintió a Álvaro García “por protegerla” hoy la exponga públicamente sin que ella tenga la oportunidad de replicar en el mismo espacio. La descortesía no radica solo en revelar una relación que era privada, sino en hacerlo de forma selectiva, unilateral y con un claro afán de ajustar cuentas.

Gloria Camila, como cualquier persona adulta, tiene derecho a equivocarse, a mantener relaciones complejas o a guardar silencio sobre su intimidad. Nadie le debe explicaciones al público sobre con quién comparte su cama o su tiempo. Lo que sí merece crítica es la doble vara de medir: la que excusa al hombre que “no se preocupa” porque “el problema no es mío” y la que señala con dedo acusador a la mujer que, supuestamente, lo complicaba todo.

Un programa que elige bando

‘¡De Viernes!’ optó anoche por dar voz y plataforma a una versión que, más que aclarar, parece buscar el escándalo y el morbo. En lugar de reflexionar sobre la complejidad de las relaciones humanas en la era de la hipervisibilidad, el programa contribuyó a reforzar estereotipos: la mujer calculadora frente al hombre sincero y algo víctima de las circunstancias.

Manuel Cortés tuvo anoche la oportunidad de mostrar madurez y discreción. Optó por lo contrario. Su intervención deja un regusto amargo de descortesía, falta de lealtad y un punto de revancha personal que poco tiene que ver con la verdad y mucho con el espectáculo televisivo.

Gloria Camila Ortega, como tantas otras mujeres en el foco mediático, verá ahora su nombre y su intimidad diseccionados una vez más. Mientras tanto, el “macho” que no se preocupaba por los novios de turno sale del plató con la sensación de haber “dado la cara”. La lealtad, al parecer, es un valor que solo se exige a una de las partes.

No hay comentarios:

Publicar un comentario