Éramos niños quemados por el sol y la calle, de rodillas despellejadas, que leíamos a pie de quiosco las aventuras de El Jabato y los tebeos de Mortadelo y Filemón, del genial Ibáñez. La Historia Sagrada era el libro que nos imponía la dictadura, pero los sábados aguardábamos las aventuras de El Capitán Trueno, El Jabato o Zipi y Zape. Mientras mi abuela intercambiaba novelas de Corín Tellado, yo leía tebeos por una perra gorda. Aquellos sábados eran una llama en el vacío. El quiosco era nuestra puerta al mundo. De allí brotaban guerreros, fantasmas y brujas que alimentaban la imaginación y vestían lo irreal de asombro.
A comienzos de siglo,
Andalucía tenía más de 3.000 quioscos y Almería rondaba los 70. Hoy apenas
quedan 1.000 en Andalucía y menos de 20 en Almería. Cuesta imaginar el Paseo de
Almería sin aquellos quioscos de hierro y cristal, alguno con aire “art nouveau”, que
le daban una dignidad hoy perdida entre tanta uniformidad. El Ayuntamiento
debería flexibilizar la normativa municipal para frenar su desaparición y
evitar que estos pequeños refugios urbanos se apaguen del todo.
Había amor en aquel rito de
llevarle a mi padre el diario Ya,
donde escribía aforismos mi primo Juan Pérez Creus. Con el tiempo, mi lealtad
al papel se hizo ineludible: en sus páginas encontraba una mirada poliédrica
del mundo que la televisión no me ofrecía.
Hoy leer la prensa en el
ordenador me priva del rito de pasear cada mañana hasta el quiosco. Hace unos
días, mi quiosquero me contó que pensaba cerrar. Con él se apagaría también una
parte de la vida del barrio: algo más que un negocio, un lugar de encuentro
frente al avance de la indiferencia y el deslugar. Por eso me despido de él con
cautela, sin saber si mañana seguirá ahí, entre los periódicos del día,
revistas, golosinas y folletos de sudoku, en esta lenta agonía de los quioscos
de Almería.
No concibo una mañana en la
terraza de un bar sin un café y el periódico del día. Ahí el mundo te espera
convertido en noticia, desplegándose despacio sobre el papel.
Si desaparecen, se habrá ido con ellos todo lo que fuimos.

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