Terremotos: en Almería seguimos como si la cosa no fuese con nosotros

José Francisco Cano de la Vega
Coordinador de Sumar en Almería

La reciente sucesión de terremotos en Granada, algunos perceptibles en distintos puntos de Almería, vuelve a poner sobre la mesa la necesidad de que la provincia esté preparada ante un terremoto de mayor intensidad y ante el riesgo asociado de maremoto. El terremoto de magnitud 5 registrado el 15 de agosto en Alhendín fue sentido en numerosos municipios almerienses y obligó a activar la fase de emergencia del Plan de Emergencia ante el Riesgo Sísmico de Andalucía. La actividad sísmica continuó posteriormente con nuevos movimientos superiores a magnitud 4.

Es verdad que no existe ningún indicio de que vaya a producirse próximamente un gran terremoto en Almería, ni hay ningún método científico que permita predecir cuándo ocurrirá. Precisamente por ello, la prevención y la planificación son fundamentales. Pero Almería sigue sin culminar la implantación municipal de sus planes específicos frente al riesgo de maremotos, mientras que el Gobierno de PP y Vox y los municipios de la provincia no están adoptando las medidas necesarias para prevenir una catástrofe. 

Una provincia con memoria sísmica 

Sin embargo, nuestra provincia forma parte de una de las zonas de mayor actividad sísmica de la Península Ibérica y tiene una importante memoria histórica de terremotos destructivos. El seísmo de 1522, con epicentro en el entorno de Almería, provocó una enorme destrucción y constituye uno de los episodios sísmicos más graves de toda la historia de España. 

Recordarlo no significa generar alarma, sino asumir que el riesgo forma parte de nuestra realidad territorial. La pregunta que deberían hacerse las administraciones no es si puede producirse un terremoto importante, sino si estaremos preparados cuando ocurra. 

Un gran seísmo puede provocar daños en edificios e infraestructuras, cortes de comunicaciones y suministros, incendios, desprendimientos y dificultades de acceso para los servicios de emergencia. 

Además, existe el riesgo de maremoto. Un terremoto submarino puede provocar alteraciones importantes del nivel del mar, algo especialmente relevante en una provincia cuya costa concentra población, turismo, puertos, instalaciones industriales y numerosos núcleos urbanos. 

Ningún municipio costero ha culminado su plan de maremotos 

El dato es especialmente preocupante: ningún municipio costero de Almería ha culminado la homologación oficial de su Plan de Actuación Local ante el Riesgo de Maremotos, pese a que el plan autonómico está vigente desde 2023. Los municipios afectados son Adra, Balanegra, El Ejido, Roquetas de Mar, Enix, Almería, Níjar, Carboneras, Mojácar, Garrucha, Vera, Cuevas del Almanzora y Pulpí. 

Los planes deben concretar rutas de evacuación, zonas seguras, evacuaciones horizontales o verticales y sistemas de alerta como ES-Alert y las sirenas municipales. 

Ante un terremoto o un maremoto, los primeros minutos pueden ser decisivos. Una población que desconoce las rutas de evacuación puede bloquearlas; una señalización insuficiente puede conducir a las personas hacia zonas de peligro, y la ausencia de protocolos puede dificultar la coordinación entre las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, Protección Civil, bomberos, servicios sanitarios y responsables municipales. 

No basta con disponer de un plan autonómico. Cada municipio debe adaptar la respuesta a su propia realidad, teniendo en cuenta barrios, accesos, playas, puertos, colegios, residencias, instalaciones críticas y zonas de concentración de población. 

Granada debería servir de advertencia 

La necesidad es todavía mayor durante el verano, cuando la población de los municipios costeros se multiplica y miles de personas se concentran diariamente en playas, paseos marítimos y establecimientos turísticos. 

Níjar es un ejemplo evidente, con un extenso litoral y numerosos núcleos y playas. Pero la misma situación afecta a Carboneras, Mojácar, Roquetas, El Ejido o Cuevas del Almanzora. 

La sucesión de terremotos de estos días demuestra que un episodio sísmico puede generar rápidamente cientos de avisos, obligar a inspeccionar edificios y alterar la vida de miles de personas. 

La respuesta no puede limitarse a actuar cuando el terremoto ya se ha producido. Hay que revisar edificios, actualizar planes, realizar simulacros, formar a los servicios de emergencia, informar a la ciudadanía y establecer mecanismos de coordinación. 

Almería necesita pasar de la preocupación ocasional a la prevención permanente. El verdadero éxito de la protección civil no consiste en reaccionar extraordinariamente bien cuando llega una catástrofe, sino en haber hecho previamente todo lo necesario para que la población sepa qué hacer, los servicios sepan cómo actuar y las administraciones tengan claro quién debe tomar cada decisión. 

Porque el terremoto no avisa y la emergencia tampoco. La prevención, en cambio, depende de los gobiernos.

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