Uldarico del Olmo Medina fue alcalde de Almería y represaliado. Familiares y buena parte de la sociedad vienen trabajando por restituir su historia. El secretario de Estado de Memoria Democrática del Gobierno de España, Fernando Martínez López, otorgó a descendientes familiares el diploma oficial y la Declaración de Reconocimiento y Reparación Personal. El considerado profesor que padeció persecución, privación de libertad y silencio de los que fueron sus amigos de la burguesía almeriense dado que desde niño con notas de sobresaliente fue un referente humanista de la sociedad almeriense. Martínez anunció que con la Ley de 2022 se declara ilegal, e ilegítimo los consejeros de guerra, los tribunales de responsabilidades políticas, el tribunal especial de represión de masonería y comunismo por el que pasó Uldarico del Olmo. Pero, no solamente se declaran ilegales, sino también la Ley de Memoria Democrática declara rotundamente nula todas las resoluciones de esos tribunales franquistas” y añadió del reconocimiento que están recibiendo por toda España de las familias de represaliad. “Me fascinó de Uldarico su vinculación republicana, admirador de las obras de Giner de los Ríos...”. Dimitió de la alcaldía porque quería una sociedad más justa, dado que le llamaron mentiroso y no quisieron retirar ese calificativo del libro de actas. Masón, quería una sociedad de respecto. Tenía fascinación por la obra de Nicolás Salmerón que dimitió por esos principios de hacer una sociedad solidaria, de respeto por la vida y por negarse a firmar penas de muerte. Uldarico del Olmo, antes de llegar a la alcaldía, fue concejal del distrito octavo de Almería, en una etapa en la que los concejales eran de distrito a diferencia de la actualidad. “Se encargó de los barrios periféricos de La Cañada, El Alquián y de Cabo de Gato y cuando llegó al Ayuntamiento como primer teniente de alcalde comenzó a plantear, primero, la necesidad de agua, escuelas y escuelas de adultos por el analfabetismo en el campo mayor que en la capital”, glosó el exalcalde de Almería, Fernando Martínez López, catedrático especializado en republicanismo español, que lidera la política de memoria histórica, incluyendo la restitución del honora las víctimas de la Guerra Civil y el franquismo, a través de leyes y exhumaciones para recuperar su memoria y verdad “para restituir el prestigio y honor de España”.
Poeta, represaliado y depurado por la dictadura. La democracia ha podido restituir ahora su nombre como ocurrió con el poeta Miguel Hernández. El libro Uldarico del Olmo, caballero del bien, escrito por el añorado José Ramón Ramos Díaz, prólogo de Fernando Martínez, se presentó el pasado viernes en el Círculo Mercantil de Almería. Un testimonio excepcional e inédito sobre la figura de Uldarico del Olmo, un intelectual y catedrático de instituto que fue nombrado alcalde de Almería en 1931. Uldarico del Olmo Medina, por la época en que vivió –1896/1972–, por su formación universitaria, por ideología –progresista y masón– y por su breve paso por la alcaldía de Almería– es el cliché paradigmático de muchos miles de españoles. Soñaron una España libre de atavismos, más educada y más justa; lograron hacer realidad con ilusión pirotécnica la Segunda República Española; lucharon denodadamente contra la reacción en una cruentísima guerra civil y, finalmente, tras ser derrotados y laminados –perdieron la libertad, sus propiedades, su modo de vida, su profesión y su salud– consiguieron vivir con una dignidad ejemplar, sin renunciar a sus ideas y reivindicando sus derechos hasta el último momento, dentro de un régimen que les negó el pan y la sal, subraya el autor. Al finalizar la Guerra Civil fue procesado y condenado por haber sido masón. Durante su estancia en diversos penales escribió varios poemarios que describen como nadie la vida de los presos republicanos en las cárceles franquistas: los insultos, la violencia de la mayoría de carceleros, el hambre, los piojos, el odio, la ignorancia. Las 724 páginas recogen, la biografía del perseguido alcalde republicano Almería, aspecto que ocurrió a muchos de la provincia de Almería y más de 500 páginas, editado por Arráez, de sus poemas carcelarios y de crítica a la situación que vivió España.
En la presentación, dejaron testimonio varias personas que conocieron a Uldarico y se leyeron algunos de sus poemas. Fue memorable la intervención de Pepe Sanz, prestigioso docente que asistió a las clases particulares de Uldarico. “Me inició en el aprendizaje con el primero encargo que me hizo. Ve y compra en el kiosco el periódico que se llama France Sour. Lo extendió en la mesa, comenzamos las clases y me despertó el gusto por saber, algo a lo que aspiramos todos los que nos hemos dedicado a la enseñanza”. Además, intervinieron Juan Grima Cervantes de Arráez Editores, que llenó el Círculo con asistencia de Celia Martínez, viuda de Ramos Díaz, autor del libro que fue un investigador y docente con una pasión desbordada por enseñar. Cecilia Ramos, profesora de lengua y literatura en el IES Carlos III de Aguadulce e hija del añorado autor, fallecido en 2022, arqueólogo, fundador del complejo turístico Los Escullos y un referente del estudio y defensa del patrimonio histórico del conjunto de Almería, y con su reconocida pelea en defensa del Parque Natural Cabo de Gata-Níjar. “Hizo numerosas excavaciones arqueológicas durante las vacaciones, como la de Chirivel, donde descubrió, entre otras piezas, el Chirivello, que actualmente se expone en el Museo Arqueológico de Almería”, rememora Celia Ramos Martínez sobre la capacidad de trabajo de su padre y de esa noticia que en ese momento cubrí para El País y RNE, a mediados de los años ochenta. Maestros de Pechina, Aguadulce, de toda la provincia y periodistas como Manolo León que se encargará de algunas de las facetas de la personalidad poliédrica, la literaria y poética de Uldarico. Como muchos españoles, pasó por la humillación de media docena de cárceles, incluida la de El Ingenio de Almería. “Llevó siempre consigo en el forro de la chaqueta o en un calcetín, un lápiz o una pluma, una hoja de bloc o el envoltorio de un paquete de tabaco donde plasmar el testimonio poético-periodístico de la vida diaria en el gulag español, necesariamente opaco para el resto de la población.








