El regreso de 'Sálvame'

Nuria Torrente
@opinionalmeria

Fabricantes Studio, S. L., la nueva productora creada por Adrián Madrid y Óscar Cornejo, exdirigentes de La Fábrica de La Tele, S. L., han lanzado Quickie, un canal de streaming dedicado exclusivamente al mundo del corazón. Su primer programa será la versión 2.0 de Sálvame, ahora con el título Ni que fuéramos Sálvame, que se emitirá a partir del 6 de mayo a través de plataformas y redes sociales, como Youtube, Facebook, Instagram, Tik Tok, Twitch o X. El programa pretende, según sus promotores, entretener “a todas aquellas personas que se han quedado huérfanas de entretenimiento desvergonzado y provocador”.

Vuelve Sálvame en versión 2.0

El programa empezará con un periodo de pruebas de dos meses, entre mayo y junio, con el objetivo de retomar las emisiones en el mes de septiembre “si todo sale como pensamos”. Ni que fuéramos Sálvame supondrá la vuelta al directo de algunos de los tertulianos más populares de Sálvame, como Belén Esteban, Víctor Sandoval, María Patiño, Lydia Lozano, Chelo García Cortés o Kiko Matamoros. La presentadora será María Patiño y tendrá a David Valldeperas como director. “Somos conscientes de la complejidad que supone trasladar a un entorno digital un universo y una narrativa que ha nacido en la tele. Para nosotros es un reto enorme que afrontamos con humildad y con muchas ganas de aprender el lenguaje del futuro”, ha declarado Óscar Cornejo.

¿Será un éxito le emisión del nuevo-viejo programa? Las redes sociales han acogido la idea con agrado, pero también hay quien considera que Sálvame debería de seguir formando parte del pasado. Tal es el caso de la periodista Nuria Labari, que escribe en El País una columna sobre el particular. Éstos son algunos párrafos de su artículo:

“Sálvame pasó tantas horas acompañando la vida cotidiana de millones de espectadores que fue tejiendo un correlato sentimental entre las vidas de su audiencia y sus protagonistas. En este sentido, siempre me ha parecido un excelente “pulsómetro sentimental” del país. Por eso creo que su regreso nos habla de lo difícil que nos resulta poner fin a una historia en una época tan incierta como la nuestra. Y de que esta dificultad es tan evidente en los tertulianos de Sálvame como en cualquiera que tenga que cambiar de trabajo, pareja, piso o televisor… Me parece trágico y tierno que los protagonistas y creadores del formato evidencien que no pueden vivir sin su programa. Y no estoy hablando de una cuestión económica, sino vital. De saber qué hacer cuando perdemos los horarios, las compañías, las rutinas y la forma de dar sentido a nuestro tiempo”.

“Me ponen triste las historias que no saben terminar. Igual que los libros me alegran la vida porque tienen principio y fin, las pelis me parecen mejores que las series y los programas como Sálvame me aburren porque carecen de compromiso con la historia que cuentan. No pueden tenerlo, dado que su vocación es la de no acabar nunca. Los finales duelen, lo sé. Pero su ausencia es peor. Porque supone renunciar al consuelo que la vida nos regala cuando somos capaces de aceptar lo que acabó. Después de todo, los finales dan sentido a las historias, incluso a los programas de televisión. Pero este es un sentido que Sálvame no ha conquistado. Al contrario, su propia narrativa lo ha condenado. Al regreso, digo”.

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