Edita: FIDIO (Foro Indalo de Debate, Ideas y Opinión) C. I. F.: G04253035 Presidente del Consejo Editorial: Emilio Ruiz

Tárdez, pintura y escultura, en el CAMA


Antonia Bocero
Escritora

En el Centro de Arte Museo de Almería se está desarrollando la exposición de Carlos Tárdez “Zoo Lógico”, una propuesta de 70 obras, entre pintura y escultura, en la que el artista plantea su personal visión acerca de asuntos que preocupan al hombre, como el paso del tiempo, la experiencia propia y la heredada o el dilema de cuál es nuestra relación con un entorno poblado de otros seres vivos; parecen asuntos complicados, pero nada más lejos de la realidad, pues Tárdez tiene la inteligencia -factor importante en su obra- de invitarnos a esa conversación desde una fina ironía.

¿Y quién es Tárdez?, nos preguntamos quienes por vez primera nos acercamos a su obra. Sucintamente anoto que es un joven artista madrileño muy bien situado como pintor figurativo, que da prueba en sus óleos de conocer la paleta del barroco español y saber adaptarla a su tiempo, con el logro de rojos espectaculares y unos acabados de gran interés en cuando a veladuras. Los reconocimientos que avalan su trayectoria son el Premio Joven de Artes Plásticas de la Universidad Complutense de Madrid, el XXIV Premio Nacional de Pintura Enrique Ginestal o Medalla de Honor de la XXV edición del Premio BMW de Pintura, por su obra “Adán”. Es, por tanto, un pintor con gran futuro, como fácilmente se aprecia en los cuadros que ha traído hasta el CAMA.

Es obligado decir que no es menos interesante como escultor, sino todo lo contrario, pues en cada una de sus pequeñas figuras humanas, realizadas en resina policromada, concentra un mundo de pensamientos inteligentes en los que resulta muy gratificante sumergirse. Como escultor tiene un sonido poético muy actual, muy ‘Twitter’, en el sentido de que logra en un pequeño espacio físico concentrar interesantes ideas. El drama en él se hace perspicacia, y en ambas disciplinas su obra tiene relación con la tradición simbólica, ya sea legendaria o popular. Es el refranero y la fábula como pretextos para hacer arte y deshacer tópicos, dando una vuelta de tuerca a temas como los señalados más arriba.

Es una exposición pensada, y en ella nada sucede por casualidad. Tárdez pretende hablarnos de sentimientos, para lo que utiliza el mundo animal, con toda la fabulación que de ello pueda derivar. Dando un paseo por su pintura, el artista nos invita, con “Abada” el rinoceronte, a que pensemos en la individualidad;  y de cómo, a partir de ella, cada uno se enfrenta a la vida a su manera: en su caso, Abada, aunque serio, parece dispuesto a emprender el camino. Por su parte, “Adan II” es joven y parece inquieto por saberlo todo; mientras que “R. F. Adán” se toma la vida con más filosofía. De sus esculturas señalo “Invierno”, una cruda representación de la vejez como universo inquietante; lo que fue inmensidad vital, es ahora penumbra, hueco, descarnación. Muy cerca, el pájaro -aunque “Libre”- contempla la vida posado sobre un alambre de espinos, envolviendo a la pequeña escultura un halo de melancolía. Por último, “El pensador” nos detiene para recordarnos que los pensamientos pueden suceder en espiral, y que en la cúspide está la sorpresa… En definitiva, Tárdez se divierte mientras crea, al tiempo que aborda cuestiones que preocupan al hombre; si bien, una tortuga, desde su óleo, nos recuerda que en este “Zoo Lógico”, hay que ir “Con pies de plomo”.

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