Edita: FIDIO (Foro Indalo de Debate, Ideas y Opinión) C. I. F.: G04253035 Presidente del Consejo Editorial: Emilio Ruiz

La tapa como seña de identidad

Jose Fernández
Periodista

Hasta ahí podríamos llegar. Ahora que la gastronomía almeriense es consciente de todo lo que ha crecido y se embarca en un objetivo de altura como es la Capitalidad Gastronómica de España para 2019, salta la Asociación de Hostelería de Sevilla con una campaña que reclama a la ciudad hispalense como capital mundial de la tapa.

El chérigan es una tapa típica de Almería

Vamos a ver, criaturas, que lo de la Costa del Sol para Málaga no se va a volver a repetir. Como muy bien ha terciado el presidente de nuestros hosteleros, Diego García, “la cultura de la tapa como tal es más de Almería que de ninguna otra parte”. Y tanto que sí. De hecho, mientras que en el resto de ciudades se dice “salir de cañas” o “de vinos” o “de cervezas”, en Almería siempre se ha dicho “salir de tapas”, porque la tapa es en Almería cultura de calle y barra y un arte que es capaz de versionar un movimiento gastronómico en un compás breve sobre un plato.
Hay que ir muy sobrado para decir, como ha dicho el presidente de los hosteleros sevillanos, Pablo Arenas, que lo de Almería es “una tapilla pequeña que en realidad no se regala porque se cobra con la bebida”.
Vayan con ojo en Sevilla con el tema, porque pocas cosas pueden sentar peor a un almeriense que quieran disputarle a su ciudad la titularidad de la tapa como seña de identidad. Disculpen que me ponga hoy los zaragüeles de camuflaje y el cuchillo entre los dientes, pero es que hay que ir muy sobrado para decir, como ha dicho el presidente de los hosteleros sevillanos, Pablo Arenas (al que no tengo el gusto y será un gran profesional y un señor simpatiquísimo, que no digo que no) que lo de Almería es “una tapilla pequeña que en realidad no se regala porque se cobra con la bebida”.

Como dijo otro sevillano, el inmenso Rafael de León, “toíto te lo consiento, menos faltarle a mi mare”. Quien habla así de las tapas de Almería no parece haber puesto jamás el codo en el mármol asolerado de Casa Puga, ni se ha preguntado, entre escéptico y guasón, si es verdad lo que cuentan sobre el origen del chérigan. Bastante tiene ya Sevilla con todas las cosas que tiene. No avasallen para llevarse con el nombre lo que generaciones de profesionales almerienses han logrado con el sudor de su frente.