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El traslado del Pingurucho, armonía contra sentimiento

Lola González
Periodista

¿Hay que trasladar el Monumento a Los Coloraos de la Plaza Vieja? ¿Técnicamente debe estar ubicado en una plaza como la almeriense un obelisco de ese tamaño y longitud? ¿Sentimentalmente es viable romper la tradición de su emplazamiento junto a la fachada del Ayuntamiento? ¿Puede trasladarse el monumento sin sufrir daños? Son muchas preguntas de difícil respuesta pero lo cierto es que a simple vista esta decisión que tendrán que tomar los políticos, pase o no por una consulta ciudadana, va a enfrentar a la parte técnica o estética con la sentimental. 

El Pingurucho

Es por eso que los técnicos consultados (arquitectos y aparejadores) lo primero que señalan es que ante una determinación de este cariz es difícil priorizar si lo mejor es quedarse con la armonía arquitectónica y su utilidad, o con el sentimiento. Así, los técnicos explican que evidentemente un elemento del tamaño del denominado como Pingurucho “se contempla mucho mejor en un espacio abierto ya que permite que se le vea desde todos los ángulos” y recuerdan otros elementos patrimoniales de este tipo en otros lugares suelen utilizarse para “presidir las principales avenidas de la ciudad”.

Es cierto que hay plazas repartidas por todo el mundo en el que se encuentran esculturas de todo tipo pero ante el tamaño que tiene la almeriense lo cierto es que “lo normal es que sea diáfana y que se pueda contemplar el conjunto que suponen sus edificios”.

En cuanto a posibles emplazamientos alternativos, todos los especialistas consultados desechan el Parque Nicolás Salmerón porque “quedaría escondido con el arbolado” además de asegurar que el atractivo de este parque deben ser los árboles. Por ello explican que quizá su mejor ubicación hubiera sido “en el espacio en el que se encuentran los dobles obeliscos de la Rambla de la capital, en la parte más cercana al mar ya que podría verse desde la entrada por mar y por carretera al centro”, pero claro, inmediatamente después explican que eso se tendría que haber decidido mientras se realizaba este espacio ya que ahora no tendría sentido su modificación.

Pero más allá de una visión armónica o estética de la plaza, lo cierto es que hay que analizar si técnicamente es viable llevarse el Monumento a Los Coloraos sin que sufra daños. Esto parece complicado y así lo explica Fernando Martínez, que fuera concejal de Cultura cuando se levantó el actual Pingurucho. Y es que el monumento tiene anclajes tanto de mármol como de acero de un centímetro de espesor para fijarlo al suelo que harían prácticamente imposible el poder levantar su parte más baja.

Recuerda Martínez que “los técnicos municipales decían entonces que había que anclarlo muy bien para que, en caso de terremoto, no se destruyera. Solían bromear diciendo que si caía una bomba atómica el Pingurucho ni se movería”. Esto implicaría que para llevarlo a otro espacio tuviera que cortarse la parte más baja y después tratar de reconstruir esta parte. Esto supone que técnicamente hay factores a favor del traslado y otros en contra, con lo cual la decisión parece que se complica.

Pero por otro lado está también la problemática que genera la relación sentimental que puedan tener los almerienses con el monumento en la Plaza Vieja. Ciertamente es la ubicación en la que ha estado durante más años y como explica Fernando Martínez, uno de los impulsores de que regresara a la ciudad, “se abogó desde el primer momento en volver a ubicarlo en la Plaza Vieja porque era el lugar en el que estaba cuando se demolió por un alcalde franquista en 1943 pensando en que este homenaje a la libertad le iba a molestar a Franco en su visita a la ciudad”.

Asegura Martínez que “allí, en la Plaza Vieja, se realizaron los mayores actos de homenaje”, allí es donde explicaba el desaparecido periodista Miguel Naveros, que acudía su padre y algún que otro compañero ideológico a pasear cada 24 de agosto en esos años de la dictadura en los que no había monumento que visitar. La decisión de si se traslada o no va a depender de lo que finalmente decidan en el salón de plenos, pero está claro que habrá un debate entre técnica y sentimiento, entre armonía y sentimientos.