Edita: FIDIO (Foro Indalo de Debate, Ideas y Opinión) C. I. F.: G04253035 Presidente del Consejo Editorial: Emilio Ruiz


Contra la Justicia

Miguel Ángel Blanco Martín
Periodista

Durante el Franquismo, los jueces eran intocables y uno de los pilares de la Dictadura. El Tribunal de Orden Público (TOP) velaba por los principios generales del Movimiento, condenando a penas severas a la oposición clandestina, sindicalistas, obreros, estudiantes, intelectuales. El periodismo pasaba de largo sobre la justicia de la Dictadura. La norma que los periodistas recibían era no hacer nunca valoraciones de sentencias ni comentarios ni entrevistas a magistrados, que no se prestaban a ello. Los jueces eran intocables y cómplices de la Dictadura en la mayoría de los casos.

A la espera de una mente como la de Baltasar Garzón

Con la Democracia, el sistema cambia. Un gran momento es la disolución del TOP. La Transición avanzó con grandes logros. Pero el tiempo del desencanto y la actualidad del siglo XXI han puesto a la Justicia establecida con más sombras que luces. Justicia y Democracia están estrechamente relacionadas. No se entiende la una sin la otra, que se encuentran y establecen pactos en los subterráneos del sistema. La Justicia se desmorona; con la Democracia secuestrada y manipulada por intereses creados. La Justicia responde, cada vez más, a intereses de la Política. Y cada favor, con favor se paga. Y si alguien se sale del sistema establecido, se le expulsa.

Un ejemplo es el juez Baltasar Garzón (Torres, Jaén, 1955). Perseguido, hasta conseguir sentarle en el banquillo y expulsarlo de la carrera judicial. Pero lo que no consiguieron sus verdugos (tanto en el mundo judicial conservador como en la derecha política y el Partido Popular) es impedir que su imagen salga enaltecida. Mal que les pese a quienes lo condenaron. Para conocer los entresijos de esta historia es un documento fundamental el libro de Baltasar Garzón: “En el punto de mira. La forja de un juez a contracorriente” (Editorial Planeta, 2016), donde el autor analiza y desvela con nombres y apellidos los aspectos internos de sus veinticinco años en la Audiencia Nacional. En el libro están los aspectos más controvertidos de los que Baltasar Garzón fue testigo en primera línea: La guerra sucia de los GAL, su breve paso por la política con el PSOE de Felipe González y su decepción, el mundo del crimen organizado, la detención en Londres de Pinochet, el terrorismo, el cerco judicial a ETA, el mundo de la corrupción y el caso Gurtel, investigación de los crímenes en el franquismo… Y siempre férreo defensor del Principio de la Jurisdicción Universal.

A Baltasar Garzón, que ejerció en Almería durante unos años, se le vigiló muy de cerca, desde sus primeras actuaciones en la Audiencia Nacional. Y el mundo de la información encontró en él una referencia para desvelar los entresijos de la realidad social. Y eso no se le perdonó, incluso desde el mundo judicial, pues fueron jueces quienes lo cercaron  y lo condenaron. “Sí, definitivamente ciertos jueces, ciertos compañeros, destrozaron mi vida profesional de forma arbitraria e injusta…” Y en este montaje contra Garzón, el mundo del periodismo dejó constancia de la cacería política y judicial contra Baltasar Garzón. También hubo una parte del periodismo que se sumó a la cacería. Jueces, fiscales y abogados maniobraron con el objetivo final. Eso sí Garzón fue absuelto, después de una persecución feroz, por abrir el caso de las víctimas del franquismo. “En su propia existencia, estará por siempre la vergüenza de nuestra Justicia... La impunidad, en este caso, tiene claros responsables”.

Y después llegó el Caso de la red de corrupción Gürtel. Y ahí cazaron por fin al juez, de forma miserable. Baltasar Garzón fue expulsado de la carrera judicial en 2012, por once años. Baltasar Garzón siempre miró de frente a quienes lo juzgaban y proclamó su inocencia: “Poder decirle a un tribunal que soy inocente, teniendo el convencimiento de que cada uno de sus componentes sabe que es así, les deja un lugar en la historia muy poco honorable”. Y frente a quienes le acusaban de moverse desde el principio de la Razón de Estado, “que es la excusa de los tiranos”, Baltasar Garzón replicó: “La única razón de Estado que entiendo es la razón democrática de los ciudadanos”. Después, a Baltasar Garzón se le denegó el indulto solicitado por la Asociación europea de Jueces y Fiscales.

Baltasar Garzón no se rinde y sigue en la brecha, con el reconocimiento internacional, en el ámbito de Naciones Unidas. “En el mundo siempre hará falta un juez para indagar, para perseguir el delito y arropar a las víctimas. Por eso tengo la certeza de que, inevitablemente, nunca dejaré de estar en el punto de mira”. Y mientras tanto, el ciudadano almeriense, con espíritu crítico, contempla el entorno provincial con paciencia. A la espera de que una mente como la de Baltasar Garzón mire para Almería.