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El Puerto-Ciudad, un paso importante pero no el último

Antonio Fernández
Periodista

Ayer se producía un parto gestado durante catorce años, el del proyecto puerto-ciudad, llamado a ser un elemento transformador de la ciudad, posiblemente el de mayor calado desde que se hiciera realidad el encauzamiento de la Rambla. La firma de ayer hacía visible la ilusión de la ciudad de Almería y el compromiso de quienes han llevado a buen puerto un plan cargado de esa esperanza de que, esta vez sí, la capital disponga de un nuevo objetivo, que este sea ambicioso y que entre todos lo hagan posible en los próximos años.

Un paso importante

No conviene engañarse y hay que convenir que aún queda mucho camino por recorrer pero, al menos en este principio, hay compañeros de viaje dispuestos a no soltarse de la mano. Hay otras manos que deberán tenderse para no echar por tierra la ilusión de una ciudad y sus habitantes. El principal reto que se vislumbra en el horizonte es conseguir que el puerto-ciudad no sea un heredero, otro más, de la larga lista de compromisos de larguísima espera que los almerienses hemos tenido entre las manos y que se prolongan hasta la desesperación.

Hay escaso rubor entre los dirigentes a la hora de valorar retrasos e incumplimientos y se celebran como grandes logros las finalizaciones de obras que debieron estar listas décadas atrás. Me estoy acordando de la finalización de la Autovía del Mediterráneo, tan cacareada, un proyecto que fue aprobado allá por el año 1989 y que ha tardado en culminarse 25 años. Y miro a la Autovía del Almanzora, que reinicia sus trabajos cada año para esperar al siguiente para una nueva piedra, o ese AVE que lleva más de seis años sin una obra que llevarse a la boca, o un Materno Infantil que quizás vean los hijos de los que ya debieron nacer en él.

Ahora nos llega el puerto-ciudad e ilusiona, pero el empujón deba ser importante, los poderes públicos impulsarlo, los privados comprometerse, concretar el proyecto y sumar voluntades. Almería no merece, en absoluto, otro plan en el cajón del olvido.