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El cadáver de La Veneno sigue en la morgue un mes después de su muerte

Tania Artajo
@opinionalmeria

No tuvo una vida pacífica, pero en la muerte tampoco la están dejando en paz. El cuerpo de Cristina Ortiz La Veneno, que murió el 9 de noviembre, tras permanecer unos días en coma, aún sigue en el Instituto Anatómico Forense a la espera de lo que decida el juez y la familia. El pasado día 29 una segunda autopsia confirmó el fallecimiento por accidente doméstico, pero la familia sigue sin estar conforme y sigue sin retirar el cadáver del Instituto Anatómico Forense. “¿Por qué la Fiscalía no se inmiscuye en este caso? Me preocupa mucho que el juez haga bien su labor. Para eso le pagamos todos”, exclama a Vanitatis Mari Pepa, hermana de la artista.

Portada de la biografía de La Veneno

La disconformidad de la familia ha provocado que el cadáver de Cristina siga sin descansar en paz. “No estamos conformes con la autopsia”, asegura Trini, otra de las hermanas de la Veneno, al citado medio. Valeria Vegas, su biógrafa, ha asegurado a Vanitatis que “su hermano me dijo que contarían conmigo para recoger la urna con sus restos mortales. Si no me han llamado, entiendo que el cadáver sigue en el mismo sitio que estaba. Es tremendo porque ya ha pasado casi un mes”.

Mari Pepa sigue recordando “el maltrato” al que dice ha sido sometida su familia durante todo el proceso desde el supuesto accidente de su hermana hasta la muerte o la posterior investigación. “¿Acaso mi hermana vale menos por ser un transexual? Si a la Fiscalía le compete este caso debería haberse mojado. Hubo vetos incluso para que presentásemos denuncias cuando vimos que mi hermana tenía hematomas y que aquello no podía ser un accidente normal. El trato que nos dio la policía, por ejemplo, fue denigrante. De los juzgados de plaza de Castilla nos mandaron a Tetuán y allí se rieron de nosotros cuando quisimos poner una denuncia”.

La hermana de Cristina también recuerda muchos de los datos que le dio el personal médico cuando su hermana llegó al centro médico, herida de muerte. “Me dijeron que tenía piojos y que por eso la habían tenido que rapar para operarla. Como si por eso fuese una persona de segunda. Hemos vivido situaciones de transfobia. Se han burlado de nosotros, nos han tratado como a paletos y han conseguido dividir a la familia. Ha habido irregularidades y creo que nos han escondido cosas”.

A la espera de una nueva decisión judicial, parece que si finalmente Cristina es incinerada, se acabará respetando su último deseo: que las cenizas sean esparcidas en el parque del Oeste, el lugar donde ejerció la prostitución.