Edita: FIDIO (Foro Indalo de Debate, Ideas y Opinión) C. I. F.: G04253035 Publicación no comercial.


Carmen Martín

Emilio Ruiz
www.emilioruiz.es

La televisión nos muestra los Juegos Olímpicos como un espectáculo multicolor, exótico, glamoroso, casi superficial y nunca desprovisto de un exacerbado patrioterismo. Pocas veces se destacan las horas de sacrificio, los esfuerzos personales, las renuncias y los llantos que se ocultan tras las estilizadas figuras de los atletas. En el caso de las mujeres, que son el 45 por ciento de los olímpicos, la situación es casi bochornosa. La Universidad de Cambridge ha analizado 160 millones de palabras de diarios, blogs y redes sociales relacionadas con las Olimpiadas. La conclusión es alarmante: los medios de comunicación tratan de forma distinta la información según si el protagonista es un hombre o una mujer. Para empezar, en la información deportiva los atletas reciben el triple de espacio o tiempo que las atletas. En el caso de ellas, los adjetivos más empleados son edad, embarazada o soltera. En el de ellos, rápido, fuerte o fantástico.

Carmen Martín, en Río

Son frecuentes los cánticos al machismo de los titulares periodísticos de los Juegos de Río. “El trío de las gorditas roza el milagro olímpico”, titula QS Quotidiano Sportivo. “Allison Stokke, la atleta que te enganchará al salto de pértiga”, dice Marca Buzz. “La mujer de un línea de los Bears ha ganado hoy una medalla de bronce en las Olimpiadas de Río”, ha titulado Chicago Tribune. La nadadora húngara Katinka Hosszu ha logrado nada menos que el récord mundial en 400 metros. ¿Gracias a quién? ¿A su esfuerzo? No. Según el comentarista de la NBC Dan Hicks ha sido “gracias a su marido, él es el tipo responsable de este triunfo. Has de fijarte en cómo ha cambiado su motivación desde que él la entrena”. El periodista ignora que Hosszu fue campeona de Europa en 2010, cuando ni siquiera conocía a su marido.

A pesar de que España es uno de los países más avanzados del mundo a la hora de legislar sobre la igualdad de género, nos cuesta trabajo perder el tono machista. El ejemplo más lamentable nos lo ha ofrecido el diario El Mundo: “Buenorras internacionales en los Juegos Olímpicos de Río” ha sido el titular elegido para uno de sus artículos. Desde la Asociación para Mujeres en el Deporte Profesional (AMDP) han mostrado su enfado escribiendo una carta abierta al diario en la que, bajo el título “No son buenorras, son deportistas”, pedían una “disculpa pública por el tratamiento discriminatorio, machista, sexista de dicho artículo”. El periódico cambió el titular por el de “La lista de las atletas olímpicamente atractivas”.

No hay una sola atleta olímpica –tampoco un solo atleta olímpico- a la que se le pueda desposeer de los valores de sacrificio, lucha y superación. Por la parte que nos toca, esos valores se encarnan perfectamente en nuestra paisana Carmen Martín. La roquetera ha llegado a la cúspide del balonmano mundial por méritos propios. Nunca nadie le ha regalado nada. Su éxito es el fruto de un enorme sacrificio personal. Sus lágrimas, sus lesiones, sus momentos de rabia, sus frustraciones… siempre han sido insuficientes para destruir su ánimo de superación. No está donde está nuestra campeona de Europa por suerte o casualidad. Han sido muchas las renuncias que ha tenido que hacer. Y las lágrimas que se ha tenido que secar.