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¿Cuándo se jodió Almería, mi general?

Pedro Manuel de la Cruz
Director de La Voz de Almería

Como recogía en un artículo formidable Manuel León inspirándose en el ¿Cuándo se jodió el Perú, Zavalita? de Conversación en La Catedral de Vargas Llosa, esta fue una de las preguntas que, sin duda, se hizo Pablo Iglesias en su noche oscura del domingo: ¿Cuándo se jodió Almería, mi general? Esta provincia no ha pasado nunca de ser un sumando menor en los recuentos de las noches electorales. Nadie se acordó de Almería en esas horas de nervios y matemáticas (tampoco después). Al cabo, no aportábamos más allá de media docena de diputados y el reparto estaba ya escrito de antemano. 

Julio Rodríguez y Pablo Iglesias

PP y PSOE fueron los únicos protagonistas durante casi cuarenta años en el escenario almeriense de la política nacional. La irrupción de Podemos y Ciudadanos el 20-D modificó el cartel. Populares y socialistas ya no iban a estar solos. La hegemonía continuaba, pero se matizaba. Los dos lograban obtener representación. Con esta esquinita de cielo ya asaltada, Iglesias no tuvo duda alguna que la conquistada Almería sería un lugar seguro para que “su” general candidato tuviera aquí el paseo militar sin riesgo que no tuvo en Zaragoza.

Si con un desconocido y desconocedor de la provincia como David Bravo consiguieron un acta de diputado, con un ex jefe del Ejército español prestigiado y con el apoyo explícito de todo el alto estado mayor de Podemos, la batalla estaba ganada antes de comenzar la contienda. Si, además, en el botín ya contaban con los diez mil votos alcanzados por IU en la provincia, ¿qué posibilidad de fracaso había? El general del aire llegaba de paracaidista a un territorio conquistado y nadie esperaba enemigos por mar o tierra.

Pero Iglesias y su general cometieron un error imperdonable en quien, como el primero, se cree un privilegiado de la estrategia y en quien, como el segundo, ha ocupado un puesto privilegiado para cultivarla (qué otra cosa es un general sino un estratega). Ignoraron aquella frase de Napoleón en la que se enseña que las ciudades se toman por los arrabales y ninguno intuyó que en el arrabal almeriense situado más a la izquierda permanecía apostado un sentimiento de agravio -¿por qué, otra vez, un cunero y no un almeriense para representar a los almerienses?- que se iba a ver aumentado por la alergia que en la piel comunista siempre han provocado los uniformes.

Ahí se jodió Almería, Pablo. En la soberbia que impone un criterio sin reflexión y en el desprecio que no escucha las opiniones de los demás, dos báculos que acaban cegando a los que se creen elegidos para llevar al pueblo -a la gente, a la patria-, a la tierra prometida. Iglesias buscó un desfiladero seguro para llevar a su ministro de Defensa al Parlamento y se encontró en el camino con una bomba que él mismo había colocado con su decisión.

Lo dijo Rosalía Martín en un gesto de sinceridad inesperado en un político. Podemos podía haber puesto -y ella lo hubiera aceptado- al mono Amedio, pero a un general de la OTAN, no. Muchos de los sorprendidos por la descalificación pensaron que la líder de IU escondía en su afirmación un insulto al mono; al contrario: al que -pretendidamente o no- insultaba en su elección comparada era al general al mostrar sus preferencias por el compañero de Marco.

Nadie puede volver a recorrer el pasado, pero no es arriesgado sostener que, si en vez del general Rodríguez el nominado, lo hubiese sido el profesor don Julio ahora estaría con Iglesias en el paraíso. Ahí se jodió Almería, Pablo. En elegir a un general para que lo votaran diez mil comunistas de corazón y miles de jóvenes pacifistas de vocación.

Nunca llegaremos a saber cuántos de los diez mil votos de IU en diciembre se quedaron en casa en junio. Tampoco conoceremos cuántos miles de votos que entonces fueron a Podemos, el domingo optaron por la abstención. Pero no se equivoquen. Muchos, muchos votantes comunistas -dirigentes incluidos, aunque en público callen o disimulen- dieron la espalda al general; y muchos, muchos jóvenes y menos jóvenes han acabado cansados del concierto desconcertado -comunistas por la mañana, bolivarianos al mediodía, populistas al atardecer, peronistas en la cena, socialdemócratas en la noche- con que la banda de los cuatro -Iglesias, Errejón, Bescansa y Monedero- han confundido al personal.

Almería se jodió para Podemos la mañana que Iglesias desplegó el plano de las circunscripciones electorales para diseñar el asalto a los cielos y, con el solo criterio de su dedo, mandó a un general del aire para conquistar una tierra en la que los comunistas siguen teniendo mala reputación porque la música militar nunca les pudo levantar. Ellos siempre han preferido a Paco Ibañez.