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Honradez y honestidad

Antonio Felipe Rubio
Periodista

El auto del juez deja un gran margen para dudar de la honradez y honorabilidad de los históricos dirigentes socialistas Chaves y Griñán. Honradez y honestidad son conceptos que emergen con fruición corporativista desde el bastión militante que, en el PSOE, siempre ha operado como un comando de aguerridos marines que jamás dejan a uno de los suyos abandonado. Y, por otro lado, no digamos de los favores dejados en el largo camino; pues es de bien nacidos ser agradecidos.

Griñán y Chaves (Caricatura: Igepcio)

La maquinaria clientelar en Andalucía se ha venido engrasando con generosidad desde decenios como instrumento consustancial a la permanencia en el poder. El lenguaje actual ha cambiado la percepción del clientelismo experimentado a través de paguicas, jornalillos, subvenciones, prebendas, trato de favor… y, actualmente, ERE, cursos de formación, contratos, convenios, misiones comerciales… En definitiva, una adecuación de la dádiva directa a otros procedimientos más alambicados y ajustados a la mercadotecnia actual. En cualquier caso, es más de lo mismo: ayudar, socorrer y empatizar a cambio de obtener cobertura electoral ante situaciones y adversidades que pudiesen debilitar al Partido que, llegado el caso, siempre apelaría a su demostrada generosidad, y advertiría de la cancelación del estatus de sus agraciados simpatizantes si sus benefactores perdiesen las riendas del poder.

Esto no es nuevo; Vespasiano ya lo practicaba con gran éxito. El problema radica en la capacidad de desparpajo de ciertos partidos y dirigentes para practicar estas anomalías democráticas y salir airosos con el aplauso de la crítica estipendiada, y con el pueblo esperando le llegue el turno del pan y circo.

Los tribunales tendrán la última palabra; pero, por favor, no digan más honradez y honestidad. La honestidad es una cualidad ligada a la rectitud, pudor y a la decencia en las relaciones de género. La honradez es la cualidad de la impecable rectitud en las obras y en el talante. Ninguna de estas cualidades adorna a los expresidentes de la Junta de Andalucía, exministros y expresidentes federales del PSOE. Y no sólo es un baldón personal residente en los dos encausados con casos nítidamente deshonrosos; la institución (la Junta) ha perpetrado obstrucción a la investigación, tendido tramas de interrupción en el proceso y silencio o manipulación informativa.

Ahora, con la campaña en ciernes, los tiempos de camaradería corporativista se tornan en rivalidad de baronías y ambición. Nadie espere la escena de Felipe despidiendo a Pepe Barrionuevo a las puertas de presidio. Tampoco creo que saquen a pasear en actos de campaña a los encausados como desagravio a la “insidia de la derecha que injustamente pretende mancillar la impoluta trayectoria de honradez y honestidad de tan probos dirigentes”. No. No espero hagiografías que otrora desviaron execrables comportamientos solapados desde la preeminencia del poder absoluto. Sólo hay que ver la taimada actitud de Pedro Sánchez a la hora de proclamarse “Don Limpio” para apartarse de la contaminación andaluza con gesto adusto y rechazo contenido.

Andalucía ha tenido lo que ha elegido merecer. Desde el procaz Guerrero (billetes para asar una vaca), hasta las sutilezas de la urdimbre institucional, Andalucía prefirió el “ande yo caliente” de Góngora antes que una profunda reflexión sobre nuestras potencialidades pervertidas, deshonestas y deshonradas.