Edita: FIDIO (Foro Indalo de Debate, Ideas y Opinión) C. I. F.: G04253035 Publicación no comercial.


Agricultura ecológica en Almería

José Antonio Navarro
Agricultor ecológico de Dalías

La provincia de Almería bate todos los récords en superficie dedicada a producción ecológica con unas 46.000 hectáreas y  2.685 operadores, la mayor parte en cultivos de almendros (14.000 Has.), forrajes (8.000 Has.), abonos verdes (5.000 Has.), olivar (1.043 Has.), cítricos (1.100 Has.), viñas (156 Has.), legumbres secas (1.100 Has.), plantas aromáticas (72 Has.), semilleros (10 Has.) y hortalizas y tubérculos (2,100 Has). Dentro de estas últimas no es despreciable una superficie de  1.950 hectáreas de hortalizas en invernadero en el 2015. ¿Quién nos iba a decir hace diez años, cuando comenzamos unos locos a practicar la lucha biológica, que se podía conseguir pocos años después bajo los plásticos una producción totalmente ecológica?

Agricultura de pimientos / Foto: joseantonioarcos.es

Empecemos por aclarar conceptos: agricultura biológica es como se le empieza a llamar ahora a la producción de Almería. Este tipo de agricultura que abarca ya casi el 90 % de la producción de hortalizas no se debe confundir con la producción ecológica, orgánica o biodinámica. Llamamos producción biológica a aquellos cultivos en los que introducimos insectos vectores “buenos” para eliminar a las plagas “malos”. Establecemos dentro de los invernaderos un equilibrio ecológico a nuestro favor donde unos insectos devoran a otros insectos perjudiciales.

Para alcanzar este tipo de proceso lo primero que hacemos es prescindir de cualquier insecticida que le ocasione daños a nuestros aliados, o lo que es lo mismo, los insectos buenos (orius, eretmocerus, amblyseius, crhysopas, nesidiocoris, etc); pero esta agricultura es compatible con otros insecticidas selectivos de corto plazo, con fungicidas, con antioidium, nematicidas, etc. de origen químico, lo mismo que se pueden utilizar abonos de toda procedencia.

En contraposición con ésta está la agricultura ecológica, llamada también en otros países orgánica o biodinámica, teniendo más restricciones a la hora de producir. En la producción ecológica no se puede utilizar ningún elemento que sea de origen químico. Desde la selección de las semillas, semilleros, plantaciones, tratamientos y recolecciones se siguen unos protocolos que quedan registrados en unos cuadernos de campo, donde no pueden aparecer elementos de origen químico por ningún sitio. ¿Cómo lo hacemos, os preguntaréis algunos? Pues sí, a día de hoy hay productos alternativos que sustituyen a todos los de origen químico.

Una coincidencia con la agricultura biológica es que nosotros utilizamos también los insectos vectores y en mayor medida que ellos, pero además buscamos alternativas biológicas a otras plagas. Por ejemplo, para los nematodos usamos repelentes como los extractos de ajo o mostaza; para las plagas de pulgones tenemos piretroides naturales como los extractos de crisantemos, canelas o artigas; para los lepidópteros trampas de luz, fototrópicas, feromonas, etc.

De igual modo, para los oidium tenemos azufres en espolvoreo o en sublimación y para las pudriciones espolvoreos con polvo de sílice que reduce la humedad. Existiendo en abonados al igual una larga lista tanto de origen orgánico como mineral donde se consigue todo el alimento que la planta precisa.

Llegados a este punto, hay que decir que lo más importante en ecológico es conformar un buen suelo,“bien equilibrado”, por eso volvemos a la utilización de los estiércoles, bastante olvidados en los últimos tiempos, junto a los compost, al abonado en verde y a la biofumigación (intercalamos cultivos mejorantes como las oleaginosas o las crucíferas que las trituramos incorporándolas en verde a la tierra y las cubrimos con film de plástico consiguiendo así la fermentación de éstas, y los gases resultantes eliminan los patógenos del suelo a la vez que aportamos los nutrientes necesarios para la nueva cosecha).

¿Y todo el agricultor ecológico lo cumple? Pues bien, para dar credibilidad al proceso y al consumidor existen varios organismos certificadores (Agrocolor, CAAE…) que se pasean por nuestros campos y tienen la palabra final mediante certificaciones de qué producción tiene la catalogación de ecológica y cuál no, todo esto mediante análisis de frutos y hojas donde no pueden aparecer siquiera trazas de ningún elemento químico.

Tampoco se consigue que una parcela se convierta en ecológica de la noche a la mañana, sino que hay un proceso que dura tres años (año cero, reconversión y ecológico) para eliminar cualquier químico que hubiera en los suelos de otros cultivos anteriores, y no es hasta el tercer año cuando se puede comercializar como ecológico, si se supera la certificación.

¿Y todo este sacrificio compensa? Os diré de primeras que ningún agricultor que elija la opción de ecológico sólo por el resultado económico progresará. El concepto de cultivo ecológico está dentro de una filosofía de vida y sólo si se tiene esta convicción se podrá sacar adelante, pues preocupaciones, zancadillas y desvelos abundan más que en el cultivo tradicional, ya que uno se juega la cosecha con mayor frecuencia por no tener a mano defensas tan efectivas y tan inmediatas como tiene la agricultura convencional. Además, la producción final del cultivo siempre en ecológico se ve mermada en un 20-30 %.

¿Compensaciones en precio? Si barajamos una bajada en producción del 30% y una subida en precio de un 40-50% es prácticamente lo mismo, reseñando de nuevo por tanto que se hace más por filosofía que por economía. Lo triste para el agricultor es cuando ve que el precio final en los mercados en las hortalizas convencionales entre origen y destino se multiplica su precio por 4 ó 5, y en las ecológicas se puede multiplicar por 6 ó 7. Esto quiere decir que, aunque nosotros no, alguien sí está ganando dinero.

Como último matiz diremos que es conveniente la vinculación de los productores ecológicos con un buen grupo comercializador de este producto, pues si en el convencional se puede ir por libre, en el ecológico nunca.

La cuota de mercado que tenemos en Europa en ecológico está entre un 6 % y un 8 % y bajando con la crisis, y si miramos a España no llegamos al 2 %. Es por lo tanto un mercado fácilmente saturable, por lo que hay que tener cuidado de no cometer el error que se ha cometido con los cultivos tradicionales: 5-6 centrales de compras europeas demandando y 300 operadores en la zona de Almería ofertando. Si en el ecológico no ponemos remedio, ya que va por el mismo camino, dentro de unos pocos años se podría igualar con el convencional y perder todo el valor añadido que ahora tiene.

Pensando en el consumidor final aceptaremos la equidad del valor nutricional de uno y otro producto, pero añadiremos al ecológico el sabor y olor del producto natural, mayor cantidad de componentes organolépticos, de antioxidantes, flavonoides, polifenoles, licopeínas… siendo éstas las mayores diferencias, y sobre todo la satisfacción de comerse una fruta o verdura no ya no transgénica sino con ninguna sustancia química en su producción.

En Almería un lema que tendríamos que usar más para vender mejor sería: “¡PRODUCIMOS HORTALIZAS PERO VENDEMOS SALUD!”.