Edita: FIDIO (Foro Indalo de Debate, Ideas y Opinión) C. I. F.: G04253035 Publicación no comercial.


Decadencia y muerte de la caña fija

Paco Campos
Doctor en Filosofía y profesor de la UAL

El haber usurpado el puerto a los almerienses ha traído consigo lo inconcebible: el abandono de la pesca de la caña fija. Ya no hay cantiles en los que sentarse a pescar, sólo algunos pescadores pertenecientes a clubes suelen hacerlo los domingos, algunos domingos, y bajo estricto horario. Pero eso de ir a pescar al puerto, eso se ha acabado. Ya no vemos a nadie bajar con sus cañas y el cubito para pasar la mañana o la tarde distraído, haciendo deporte y entreteniéndose de paso, además de serenar el espíritu o entablar alguna conversación improvisada con los curiosos que, como yo mismo, gustaban de echar un ducados al tiempo que se despelleja a más de uno. Era bonito.

Trinidad Cabeo
La presidenta Cabeo ha conseguido aburrir a las piedras y con ello ha quitado –al estilo de la extinta Unión Soviética- la ilusión y la iniciativa a muchos almerienses: gente sencilla que no se plantea otra cosa que el pequeño triunfo que supone ver cómo la chucla o la castañuela o la boguilla chisporrotea el agua antes de morir por asfixia en el cubo. La Cabeo, aunque parezca mentira ha hecho olvidar a muchos que viven en… ¡una ciudad litoral!

"Miramos el mapa y ahí estamos, pegaditos al agua, pero luego vamos a la realidad y nos encontramos con alambradas, barreras, policías…"

Porque, claro, claro que vivimos en una ciudad litoral, que tiene el mar como leitmotiv y seña identitaria. Miramos el mapa y ahí estamos, pegaditos al agua. Pero luego vamos a la realidad y nos encontramos con alambradas, barreras, policías… y encima de todo esto la ventana desde donde la Cabeo, a manera de comisaria política, con ojo avizor mantiene a raya su territorio –que es el de todos, dicho sea de paso.

Es vergonzoso comprobar cómo estos personajes se aferran a los sillones y no se molestan, por vagancia, en buscar alternativa a ese bunker (frontera europea) que es el paupérrimo puerto nuestro, para que los ciudadanos podamos utilizar su espacio –ver Málaga, Barcelona, Alicante- y en él poder pescar. Por ejemplo: abriendo el camino del faro a todo quisque y de una puta vez.