Edita: FIDIO (Foro Indalo de Debate, Ideas y Opinión) C. I. F.: G04253035 Presidente del Consejo Editorial: Emilio Ruiz

Profesionales de la política

Emiliano Domene
Concejal de IU en el Ayuntamiento de Huércal de Almería

En las últimas semanas se ha producido una importante polémica debido a los altos salarios establecidos a los representantes políticos de nuestra provincia. Han tenido especial repercusión mediática los casos del Ayuntamiento de Almería y de la Diputación Provincial, lo que se ha traducido en una riada de indignación ciudadana dirigida de forma directa sobre todas aquellas personas que se dedican a hacer política en general. Al final, en esta cuestión como en otras, quien hace más ruido es quien hace más daño, y consigue imponer en la mente de los ciudadanos el eslogan “todos son iguales”.

Quiero aclarar que, a pesar de mi recién estrenada condición de concejal del Ayuntamiento de Huércal de Almería y Portavoz del Grupo Municipal de IU, no me considero para nada un político, sino un ciudadano que quiere hacer política. Lo cierto es que llevo mucho tiempo haciendo política a pie de calle desde lo social y fuera de las instituciones. Compaginándola con mi vida laboral y personal porque además es ahí donde se hace la política con mayúsculas y donde realmente comienzan los cambios que acaban trasvasándose a las instituciones. Una de las cuestiones en las que he tenido más actividad ha sido en la lucha contra los abusos bancarios, lucha en la que sigo involucrado en la actualidad.

A diferencia de lo que muchos ciudadanos puedan pensar, yo vivo en exclusiva de mi trabajo como empleado de Correos, y no tengo más retribución por mi cargo público de concejal del Ayuntamiento de Huércal de Almería que los 75 euros por pleno. Pleno que se celebra cada dos meses y dinero, por cierto, que dono íntegramente a mi asamblea local para, entre otras cosas, poder mantener el local en el cual atendemos a los ciudadanos del municipio en sus problemas con los bancos.

Todo es política
Tras obtener mi acta de concejal en las últimas elecciones pude comprobar cuál era la percepción de la ciudadanía en relación con los cargos públicos. Sobre todo cuando algunos vecinos querían tener un encuentro conmigo para tratar diversas cuestiones y les aclaraba que tendríamos que vernos por la tarde, al salir de mi trabajo, me preguntaban extrañados: “¿Pero tú no te dedicabas profesionalmente a esto?”.

Los que llevábamos muchos años así, haciendo política en nuestro tiempo libre no tenemos normalmente ningún tipo de problemas con esta situación, a fin de cuentas es lo mismo que hemos hecho siempre y estamos acostumbrados. El choque de concepto viene cuando nos mezclamos con los políticos tradicionales y profesionalizados. Muchos de los cuales no entienden otra visión de la política que vaya más allá del apego al sueldo y al cargo. Es más, los hechos me demuestran que ni siquiera saben cómo se hace eso de compaginar un trabajo con la actividad política. Lógico, la experiencia laboral fuera de la política de esos “grandes profesionales” es, a veces, prácticamente nula.

Yendo al caso que me toca más de cerca, el de mi Ayuntamiento, en Huércal de Almería el alcalde tiene un salario de 14 pagas de 3.400 euros cada una. En el caso del resto de concejales liberados de su equipo de Gobierno (un total de 6 concejales liberados) hablamos de 2.800 euros mensuales, también con sus respectivas pagas extras. Estas retribuciones son en concepto de “Dedicación exclusiva”. Y aquí es donde se da la paradoja: tanto los plenos como las comisiones e incluso las juntas de portavoces se realizan en horario de mañana, obligándonos al resto de concejales a tener que pedir permiso en nuestro trabajo para poder asistir, generando problemas tanto en nuestras empresas u organismos como a los compañeros de trabajo por las repercusiones de nuestras ausencias.

Da igual las veces que hayamos pedido la celebración por las tardes. Los políticos profesionales creen que así logran hacer oposición a la oposición. Intentando dificultar su asistencia sin importarle las consecuencias que en sus trabajos puedan tener estas faltas. Es curioso que precisamente aquellos que tienen dedicación exclusiva son precisamente los que se niegan a trabajar por la tarde, frente a las posiciones de aquellos que tenemos la responsabilidad de nuestro trabajo y pedimos que nos dejen hacer política. Sin salario, sí, pero con el doble de ganas y trabajo que ellos. En la misma línea va la sinrazón de impedir la participación de la ciudadanía, convocando los plenos por la mañana exclusivamente. A pesar de que cada vez son más los municipios que los celebran por la tarde, logrando acercarse a los vecinos al ser en horarios mejor adaptados para su asistencia.

Es especialmente sangrante el caso de las juntas de portavoces. Son reuniones que a veces no llegan a una hora de duración, y para las cuales nos hacen abandonar nuestros puestos de trabajo para poder asistir. Definitivamente esta gente no sabe lo que se cuece en el mercado laboral. Ni lo saben ni les importa. Porque, ¿cuántos de ustedes podrían abandonar su trabajo una hora todas las semanas?, ¿qué les dirían sus jefes, y sus compañeros de trabajo, si tuvieran que estar continuamente sustituyéndoles y cubriendo sus puestos y cargas de trabajo?

Para nosotros, los concejales no liberados, sería muy fácil liarnos la manta a la cabeza y, ya que la ley nos ampara, acudir a los plenos por la mañana sin rechistar. Pero no queremos eso. Queremos que nos dejen hacer política, simplemente, sin que eso  perjudique a nuestros compañeros de trabajo ni a nuestras empresas y organismos. En definitiva queremos cumplir con nuestras obligaciones laborales y con nuestras responsabilidades políticas.

Es curioso que precisamente los "amateurs" de la política queramos trabajar el doble mientras los políticos profesionales quieren trabajar la mitad. Al final, me veo obligado a darle la razón a los que se indignan ante las formas de la vieja y decadente política. Porque el sentido común brinda por su ausencia y ante esto, lo que un humilde cartero tiene que decir frente a la supuesta élite de nuestra sociedad no es más que “¡Qué nos dejen hacer política!”.