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El día que Rafael Leopoldo Aguilera se rebeló contra los censores

Juan Folío
La Opinión de Almería

No ha sido en un artículo de prensa. Ha sido en su página de Facebook. El que hasta hace unos pocos días ha sido director del Instituto de Estudios Almerienses (IEA), Rafael Leopoldo Aguilera Martínez-Oña, se rebela contra los censores.

Rafael Leopoldo Aguilera
“¡Cada día se hace más árido y hostil poder decir con correcta educación, sin necesidad de utilizar vocabulario obsceno o frívolo, opiniones diferentes a un hecho de cualquier índole!”, se queja. Y añade: “Y a veces ni nos afecta de forma directa ni diferida, pero es de una imposibilidad psíquica por las numerosa lluvia de pedradas que te caen..., y eso cuando no te llaman por teléfono o te mandan un correo electrónico para que desistas de un pensamiento tan pueril, según la parte interesada...”.

La denuncia de Aguilera ha tenido sonoro eco en la misma red social, y así Pepe Artés se suma a la queja: “Rafael, perdona que a veces abuse de tu amistad y opine en tus comentarios que siempre son con un fondo argumentado y correcto, pero es que yo ya estoy harto de haber sido tan correcto y amable, estoy en una edad y época de mi vida que si me tocan mucho los c...es los mando directamente a la misma kk, tanto aguantar impertinencias de la gente y luego no puedes decirle la verdad en la cara. Ya sabes mis consejos que en nada son aconsejables, pero que yo practico casi a diario. Saludos”.

Responde Aguilera: “Estimado Pepe, si tú dices que hay que reformar la ‘vetusta’ Constitución española, por los motivos que sean, te caen pedradas hasta desde el Cerro de San Cristóbal, que ni saben dónde está; pero lo dice, por ejemplo, un ejemplo…, no nombro a nadie, jolines, les faltan agasajos abrumadores, y entonces a partir de ahí, todos, sin excepción, como el flautista, todos al mismo compás; que por alguna cuestión, lo que había dicho ha sido mal interpretado, reculamos todos, pero como seas tú, reculas pero golpe a golpe, fuera de la fotografía, el siguiente... Lo jodido de todo esto es que hay personas que se dedican las ocho horas a rastrear todo tipo de comentario que pueda ser, presuntamente, hostil, para ser apercibido o recriminado...”.