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Morir en Marruecos

Joaquín Abad
Exdirector de La Crónica de Almería

Si en España estamos escandalizados por el nivel de corrupción, en Marruecos está elevada al cubo. En el país alauita todo funciona con sobornos. Si no hay mordida, propina, nada se mueve. El 25 de setiembre del 98 un avión de la compañía Pauknair, que partió de Málaga destino Melilla, se estrelló en los montes de Marruecos, muriendo sus 38 ocupantes. Enseguida llegaron al lugar del accidente miembros de la gendarmería que primero se dedicaron a registrar los equipajes y documentos de los fallecidos, quedándose con el dinero y la mayoría de las pertenencias de valor. Los familiares no tuvieron más remedio que sobornar a los policías para que les facilitaran el traslado de los cadáveres. Todo fueron pegas porque querían más dinero. Y las autoridades españolas están al corriente y no pueden hacer nada, claro. Marruecos es un país soberano, que se dice amigo de España, pero que siempre que puede lo exprime. Y nosotros, los españoles, pues nos dejamos robar porque somos unos lelos.

José Antonio Martínez
Foto: La Voz de Almería
Ahora, se repite la historia con el rescate de los deportistas que sufrieron un accidente mientras se encontraban en el Atlas marroquí. Los relatos de la ineficacia, de las zancadillas, de la abulia de unas autoridades acostumbradas a ver morir sin que se inmuten, parece que nos escandalizan. Todo indica que la muerte de José Antonio Martínez ha sido por desidia de unas autoridades marroquíes que pretendía hacerse ricos en la operación y los diplomáticos españoles no han podido untarlos adecuadamente. Sí, ya se que lo negarán, pero todos los que hemos realizado información en dicho país conocemos como te dejan morir si no pagas. Vamos, si eres turista y tienes la desgracia de enfermar, como no te repatríen los tuyos y tengas que acudir a un hospital marroquí date por jodido. Deberás pagar primero el algodón, las vendas, el alcohol y todas las medicinas que necesites. Y por supuesto, pagar al médico por adelantado en euros preferentemente...

Hacer deporte de riesgo en Marruecos es altamente peligroso. No por el riesgo en sí, sino por lo que ha sucedido con los andaluces confiados en su preparación. No es de recibo que José Antonio Martínez permaneciera seis días en la nieve mientras las autoridades marroquíes daban largas y no permitían la intervención de los equipos de rescate españoles. Quizá con un millón de euros en efectivo el primer día, todo hubieran sido facilidades. Pero ya sabemos que nuestros diplomáticos no estaban autorizados. Marruecos es un país a evitar. Como lo evitan los yates que se resisten a atracar en los lujosos puertos, casi vacíos. Si atracas, los gendarmes te registran el barco, manosean a tu esposa, manosean a las mujeres y todos los días deberás regalarle varias botellas de whisky de marca y soltarle quinientos euros para que te dejen en paz.