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El alcalde de La Mojonera, entre el Ayuntamiento y el Parlamento

Juan Torrijos
Periodista

Pobre Pepe Cara. Con lo feliz que se siente él mandando en su pueblo y disfrutando de sus viajes a Sevilla, Triana, la calle Sierpes y los alicientes que atesora la capital de Andalucía. Estos del PSOE son unos canallas. No tienen entrañas. Le han quitado uno de los dos cargos y se tiene que decidir, o sigue de alcalde de la Mojonera o se dedica a los viajes semanales al Parlamento.

José Cara
Lo del Parlamento es más cómodo políticamente, pero no te da tanta fuerza en el partido como una alcaldía. Y eso lo sabe Pepe. Si se trata de elegir, ¿el hombre se inclinará por el Ayuntamiento de su pueblo o por Sevilla? Ser parlamentario andaluz sólo requiere ser amigo del presidente de turno del PP, en estos momentos Gabriel Amat. Seguir de alcalde de La Mojonera significa ganar unas elecciones para las que poco o muy poco le puede ayudar el partido y su presidente. Los vecinos le votan a él.

Vamos, señor Cara, decídase de una vez: ¿alcalde o parlamentario? Las dos cosas, han dicho los malvados del PSOE, no las puede tener. Comprendo su enfado. No es justo que usted tenga que abandonar uno de sus sillones obligado por el PSOE mientras que Luis Rogelio o Eugenio Gonzálvez vienen manteniendo y disfrutando de dos tronos: alcaldía y Senado (y el trono de Madrid dicen que está mejor retribuido y con mejores vistas de cara a la jubilación) sin que el PSOE se haya metido con ellos y su duplicidad de cargos.

En Madrid los del PSOE no han sido malvados, justo es reconocerlo, ¿y por qué en Sevilla un hombre un cargo y en Madrid no?, se pregunta el personal. Da la impresión de que la mala baba sólo la usan en Andalucía; pobres alcaldes andaluces, maltratados por el PSOE y el Gobierno de la Junta, mientras que en Madrid todos, alcaldes y senadores, a disfrutar de las noches y de las lentejas de Nona.

La España asimétrica, esa que tanto gusta a algunos políticos y que defienden con uñas y dientes para hacernos diferentes a los españoles y a los diecisiete reinos en que nos hemos convertido. Y así nos va. Cara tiene que dejar uno de los dos escaños, Eugenio o Luis pueden mantener los dos. ¿Justo?

Evidentemente no. Pero hasta los partidos defienden una cosa en Almería, otra en Sevilla y la contraria en Madrid. Sin hablar de sus posturas en Cataluña, donde la cobardía se les nota más.