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La patata caliente

Emilio Ruiz
www.emilioruiz.es

Andalucía tiene en su regazo una patata caliente a la que nadie sabe cómo hincarle el diente. Es una “papa” molesta, difícil de digerir, de la que casi nadie quiere hablar –menos que nadie quienes sembraron su semilla y recogieron su cosecha-, pero sobre la que algún día, y parece que ese día está llegando ya, habrá que tomar alguna determinación. Me refiero al espinoso asunto del excedente de empleados públicos. Se habla de unos 20.000 sobre una plantilla total de 261.000.

Los empleados públicos no funcionarios de la
Junta de Andalucía han sido causa de múltiples
manifestaciones, a favor y en contra
Recordemos la génesis. En el último quinquenio de la década pasada, Andalucía era un hervidero económico. El PIB andaba con un crecimiento de cuatro puntos, la actividad económica era frenética, la demanda de mano de obra superaba a la oferta, los empresarios iban al extranjero en busca de trabajadores… Tal era la euforia que, en la campaña electoral de 2008, el “quién da más” se estableció como una competición: Martín Soler ofreció wifi gratis; Micaela Navarro, vacaciones a las amas de casa; Chaves, el pleno empleo… Y en la Junta aparecían cada día multitud de empresas, institutos, agencias, consorcios, entes públicos en definitiva, que se poblaron de personal para laborar en las tareas más diversas y no siempre productivas.

Pero vino la crisis. Mientras el sector privado ha ajustado sus plantillas a la nueva realidad, la Junta se ha limitado a juntar –perdón por la redundancia- algunos entes, dejando inalterable el capítulo de personal. ¿Qué hacemos, ahora, con una plantilla saturada, preparada para una intensa actividad, pero sin nada que hacer? La respuesta, tan obvia como traumática, no está en el viento, precisamente. ¿Quién le hinca el diente a esa patata? El socio no ayuda: “Pasarán antes por encima de mi cadáver”, Valderas dijo. Ardua tarea, pues.

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