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El PSOE no se deshace, se rehace

Javier Salvador
Director de Teleprensa

Confieso que particularmente la postura más inteligente me parece la abanderada por Patxi López, secretario general de los socialistas vascos y una de las víctimas de los pactos orquestados estos años por Zapatero, ya que quedó muy tocado cuando el presidente del Gobierno le saltó para llegar a una cuerdo con el PNV y mantenerse el resto de la legislatura. Y no veo ánimos de venganza, sino sensatez, al entender que un partido que se ha dado el trompazo electoral del siglo no está para procesos electorales internos en el que enfrentar a dos, tres o cuatro miuras, al mismo tiempo que mantiene el gobierno con menos popularidad de las últimas décadas.

No puede haber medias tintas. Si se quieren tomar decisiones en una situación tan crítica, deben estar a la altura de las circunstancias, y todo lo que no sea un cambio en profundidad, empezando por el líder y terminando por la actualización de ideas, sobra en estos momentos en los que más de dos millones de votantes les han dado la espalda porque no entienden el mensaje, no creen en el líder que las representa. Zapatero ha sido carismático, valiente a la hora de tomar decisiones que ideológicamente no correspondían a un gobiernos de izquierdas, pero lo ha hecho tan a su manera, tan tarde y con mensajes tan confusos que la gente ha dejado de creer en él dentro y fuera de su partido.

Pero tampoco hay que cargar las tintas, porque eso de que la imagen en el exterior es un desastre es totalmente mentira. En el exterior, y hay que viajar para escucharlo, y yo lo he hecho y lo hago, a España se la tiene como un país ejemplar en políticas sociales, en servicios públicos, en igualdad. Y eso no es malo, sino bueno, pero no da de comer a los cuatro millones y pico de parados que hay en el país, eso no genera confianza en los dos millones de personas que se han quedado sin trabajo en esta crisis. Y mira por donde, esos dos millones coinciden casi con el número de desempleados de más, con la gente por la que se ha luchado para mantenerles subsidiados durante el mayor tiempo posible. Ellos tampoco lo han entendido.

El PSOE tiene cuatro millones y pico de razones para renacer, levantarse, prepararse y armarse para luchar. Tiene la responsabilidad de no poder caer en la depresión, y el deber de eclosionar para presentarse ante su electorado con confianza, con fuerza, con nuevas ideas y sobre todo con ganas de trabajar. No, no es hora de buscar extrañas explicaciones, sino de asumir responsabilidades y reconocer que se han llevado a cabo experimentos fallidos en los que se equivocó tanto el modo como la persona. Andalucía, el territorio socialista por excelencia y su verdadera palanca para las victorias, es quizás el lugar donde el mensaje ha sido más claro. No se pueden perder más de 300.000 votos y soportar la mitad del crecimiento que ha tenido su enemigo político sin entender el mensaje que lanza el electorado.

A las masas, además de las ideas y las siglas, las convencen las personas y su discurso. En estas elecciones es cierto que la mayor parte de la culpa la tiene la crisis, y que al igual que al PSOE en España, en Alemania ha perdido el PP alemán, en Francia el PP francés y en Italia el PP italiano, porque son los que gobiernan y tienen que tomar medidas para salir de la crisis. Pero en todos los casos, si el líder tiene tirón el efecto es menor. En Extremadura el efecto ha sido menor, ¿por qué en Andalucía no? Está claro que Chaves ya no vuelve, como tampoco lo hará Felipe González a Madrid, pero entre ese ayer y el crítico hoy hay perfiles de sobra, con experiencia,que pueden volver a ilusionar. Esa sí es la responsabilidad actual del PSOE, la de localizarlos, auparlos para rehacer su partido, uno que no es cualquiera, porque tiene más de cien años de historia. Y pensándolo bien, ¿qué sería del PP sin un PSOE competitivo?

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