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Televisiones autonómicas

Kayros
Periodista

No pasa día que no se me presente en la conciencia el afilado compromiso moral de este oficio. No niego que añoro las tardes plácidas del jubilata, ya exonerado de sus labores diarias. Luego recapacito y vuelvo donde solía. Podría sobrevolar el conflicto social permanente escribiendo artículos sobre los ventisqueros del Himalaya, pero ¿cómo evadir la responsabilidad profesional un tipo como yo que fue educado para contribuir ya de niño a la salvación del mundo? Pienso estas cosas teniendo delante la frase de Ramón Jaúregui acerca de la supresión de algunas televisiones autonómicas. Si las restricciones del gasto llegan a la sanidad y a otras urgencias, también parece puesto en razón meterle mano a tanta televisión redundante. El ministro ha echado un chorro de sal sobre las heridas que más duelen y además sobre las posibilidades laborales de los profesionales. Ahí es nada luchar contra los que manejan el medio y viven de ello.

Lo primero que hicieron las autonomías fue dotarse de un aparato propagandístico que, a fuerza de publicar la tierra y la cultura indígena, sirviera electoralmente como elemento de cohesión y conciencia política. Lo hicieron las tres nacionalidades conocidas, pero también las de nueva planta, desde Murcia a Extremadura y así hasta diez y siete a tenor de la visión política de Suárez, café para todos. No quisiera enfrentarme a los profesionales de los medios y menos en estos momentos de paro nacional, pero así como el ciudadano debe apretarse el cinturón, de igual modo las instituciones. Aquellos que fuimos descabalgados de los periódicos del Movimiento, aprendimos, por más que habíamos propuesto la viabilidad de una prensa pública, que al final todo se convierte en un instrumento de penetración ideológica y da casi lo mismo que transmita Junta, la Diputación o el Ayuntamiento.

Algún poeta encantado de Canal Sur ha esgrimido la idea de que la televisión no es propiamente cosa de dineros, sino de cultura. Estaría muy bien el argumento si no estuviéramos en el fondo de la crisis. Los Gobiernos cuidan los medios de propaganda como la niña de sus ojos. Nunca faltó pasta para alimentar las cadenas.
(La Voz de Almería)

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